Un recorrido por Macklemore, Sam Smith y The Foals

Vestido de manera pintoresca el muchacho de 35 años y oriundo de Seattle, Ben Haggerty -así es su nombre real- subió al escenario acompañado de percusión, vientos, algunas coristas y bailarinas que iban dibujando hilos narrativos en el aire y que se alteraba, a veces, con atmósferas más densas del doom metal y una voz gutural.

En dirección opuesta y sobre el otro extremo, en el escenario Perry, Niles Hollowell-Dhar, más conocido como KSHMR, el dj y productor indo-estadounidense, anunciaba que estaba a punto de dar por iniciado su set con algunos fuegos artificiales.

Hacia la derecha del espacio Perry y con la colorida Escultura de los Deseos, de Marta Miujín, a medio camino del escenario principal, los Arctic Monkeys cautivaron en las dos pantallas gigantes que tenían en cada extremo del escenario.

Tal vez, parte de ese estado de relajación mantenía estrecha relación con uno de los momentos que más suspiros tuvo durante la noche: Sam Smith, el carismático artista que fue recibido por varias generaciones que una hora antes habían estado calentando motores con el cuarteto inglés The Foals.

Esta promesa de art e indie rock que ganó popularidad gracias al éxito cultivado con «Spanish Sahara» sacudió la cabeza y el esqueleto de muchos, despertándolos del estado de ensoñación que producía el calor del sol sobre la cabeza.


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