La música clásica: ¿Territorio de resistencia al feminismo?

El movimiento feminista, que erosiona prácticas establecidas durante siglos, encuentra un foco de resistencia pétreo en la música clásica -ámbito de arrogada exclusividad y, por lo tanto, proclive a las discriminaciones- y así lo expresa la historia del prestigioso director orquestal suizo Charles Dutoit quien, denunciado por abuso, protagoniza en estos días su retorno a los grandes escenarios -tras un período de ostracismo- con el respaldo de la pianista argentina Martha Argerich.

Dutoit, de 82 años, es un extraordinario director de orquesta. Trabó un estrecho vínculo con la Argentina (fue un visitante regular del Teatro Colón) y tuvo cuatro años de matrimonio con Argerich (1979-1983). Aquella relación lo rodeó de aires de sofisticación. Eran el retrato de dos personajes que parecían haberse escapado de una película de la Nouvelle Vague. Dirigió orquestas de jerarquía en Estados Unidos y en Europa y, como casi todo director orquestal -otro sentido común establecido a revisar- era célebre por su severidad y exigencia.

Entre 2017 recibió cuatro denuncias (tres cantantes y un músico) por «contacto físico no deseado» difundidas por la agencia Associated Press. Al año siguiente se sumaron seis más. Los hechos fueron ubicados entre 1985 y 2010 en Chicago, Los Angeles, Minneapolis, Filadelfia, Saratoga Springs y Nueva York. Las denunciantes explicaron que callaron en su momento por miedo a obturar sus carreras profesionales. Ante el cimbronazo público, la carrera de Dutoit pareció derrumbarse.


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