A 25 años del genocidio, las heridas continúan latentes

Veinticinco años después del genocidio de Ruanda, ocurrido el 7 de abril de 1994, las heridas de aquella matanza que costó la vida de unas 800.000 personas, en su mayoría de la minoritaria etnia tutsi, permanecen vigenten en ese pequeño país africano que culpa a Occidente por no evitar esos crímenes.

«Los tutsis no merecen vivir. Hay que matarlos. Incluso a las mujeres preñadas hay que cortarlas en pedazos y abrirles el vientre para arrancarles el bebé», decía un mensaje transmitido en abril de 1994 por la racista Radio Televisión Libre.

Ruanda acusó repetidamente a Francia de dar adiestramiento militar a las milicias hutus que provocaron la matanza y, por estos días, invitó al presidente francés, Emmanuel Macron a participar de la conmemoración del 25 aniversario de ese hecho.

El detonante de la tragedia fue la muerte del presidente ruandés, Juvenal Habyarimana, de la etnia hutu, cuyo avión fue derribado cerca del aeropuerto de Kigali, el 6 de abril 1994. Junto al mandatario falleció también su colega de Burundi, Cyprien Ntaryamira.

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