30 julio, 2026

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"Gracias por operar con nuestro banco": comedia negra anti patriarcado

GRACIAS POR OPERAR CON NUESTRO BANCO 7 puntos

(Thank You for Banking with Us; Alemania/Palestina/Catar/Arabia Saudita/Egipto/Países Bajos/Líbano, 2024)

Dirección y guion: Laila Abbas.

Duración: 92 minutos.

Intérpretes: Clara Khoury, Yasmine Al Massri, Kamel El Basha, Ashraf Barhoum, Adam Khattar.

Estreno en salas de cine

El proceso de producción de una película –de los dichos al hecho, del papel a la pantalla– suele extenderse en el tiempo, y si bien la ópera prima en la ficción de la realizadora de origen palestino Laila Abbas tuvo su estreno mundial en el Festival de Cine de Londres en octubre de 2024, un año después de la masacre de Hamas, el rodaje tuvo lugar meses antes de esa sangrienta instancia bisagra en Medio Oriente. La ciudad de Ramallah que puede verse en Gracias por operar con nuestro banco no es exactamente la misma que existe hoy en día, aunque las tensiones sociales pueden advertirse en más de una escena. Sin embargo, el tema central de esta comedia negra con fuertes elementos de anti patriarcado no descansa en el conflicto israelí-palestino, sino en las turbulencias intra familiares de un clan dividido por rencillas, disgustos y las prácticas culturales de la sharía. En particular la convivencia difícil pero inevitable de dos hermanas enfrentadas a un hecho inesperado durante una jornada, su correspondiente noche y el comienzo del día siguiente.

“¿Acaso tengo que esperar a que Palestina sea libre para poder conseguir un divorcio?”, le pregunta con ironía Maryam a su hermana Noura, menor por apenas dos años. La actriz palestino-estadounidense Clara Khoury –a quien la cinefilia todavía recuerda por su debut en el film de 2002 Rana’s Wedding, de Hany Abu-Assad– compone a Maryam a partir de los elementos tradicionales que le ofrece el guion: ama de casa, esposa, madre de dos hijos; una mujer convencida de la infidelidad de su esposo y cansada de las actitudes del hijo adolescente, pero resiliente. Al fin y al cabo, como le dice su hermano al teléfono desde los Estados Unidos, donde vive desde hace años, “Acaso viste a Mamá quejarse alguna vez?”. Claro que la madre de Maryam y Noura murió muy joven, quizás en parte por una amargura metida a presión en el cuerpo y el alma. Noura es una mujer de otra naturaleza: soltera y sin apuro, empleada de un local donde se realizan tratamientos de belleza, todavía vive bajo el techo familiar junto a su padre. Es allí donde recibe un llamado preocupante.

Papá está muerto y no hay nada que pueda hacerse. Los paramédicos lo confirman y quieren llevarse el cuerpo al hospital, pero Noura insiste en lo que lo dejen velarlo a la manera tradicional, en su propio lecho. Luego de una discusión entre hermanas acerca del cuidado cotidiano del difunto, los usos y costumbres privados e incluso el tono de color del cabello, el guion de Abbas introduce el punto de partida de todo lo que vendrá. El disparador de la comedia pero también del drama. La tradición protege el derecho del hijo varón a heredar el doble de dinero que las hijas, y de esos ciento mil y pico de dólares guardados en el banco las chicas no verán casi nada. Así comienzan las desventuras de las protagonistas, dispuestas a poner a la muerte en pausa hasta el día siguiente, falsificar una firma y conseguir ese dinero que sin duda les corresponde, aunque las leyes escritas por los hombres digan lo contrario.

Gracias por operar con nuestro banco (el título tiene su origen en uno de esos típicos audios telefónicos de espera) pide bastante del espectador en términos de la famosa “suspensión de la incredulidad”, en particular cuando la misión comienza a ser una carrera contra el tiempo, pero gana fuerza a partir de la cambiante dinámica entre las hermanas y la aparición de varias subtramas que ponen a ambas, juntas o por separado, en situaciones complejas, algunas hilarantes, otras descorazonadoras. Hay algo de Después de hora, el clásico de Scorsese, en la aventura nocturna de Maryam y Noura, aunque aquí no aparecen personajes estrafalarios o peligrosos sino el verdadero rostro de los hombres una vez que caen las máscaras. El mayor logro de la película de Laila Abbas es su tono, que logra un ajustado equilibrio entre el costumbrismo y la descripción de rebeldías femeninas, sin caer en el grotesco o la simple exposición de agendas.

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