Se interpreta como una señal concreta de reciprocidad hacia el gobierno de Xi Jinping, que desde el 1 de junio de este año había comenzado un período de prueba que exime de visa a los argentinos, brasileños, chilenos, peruanos y uruguayos que viajen a China hasta el 31 de mayo de 2026.
El contexto político global le añade otra capa de tensión a la decisión. Mientras una delegación argentina permanece en Washington esperando luz verde para avanzar en un acuerdo comercial arancelario con el gobierno de Donald Trump, desde la Casa Rosada siguen multiplicando los gestos hacia Beijing, pese a la presión de Estados Unidos para tomar distancia del gigante asiático.
“Estamos bien pero no tan bien como queremos”, expresó una fuente del gobierno chino al diario Clarín, reflejando un vínculo que, si bien se ha reactivado, aún transita zonas grises.
El viernes pasado, otro gesto de sintonía fue la firma de un memorándum entre ambos países para reanudar las obras de las represas Jorge Cepernic y Néstor Kirchner, paralizadas durante años en la provincia de Santa Cruz. Además, el Ejecutivo eliminó los aranceles de importación para los autos eléctricos de la marca china BYD, lo que también fue leído como un paso en la apertura del mercado argentino hacia la industria tecnológica y energética de China.
A pesar de su retórica liberal alineada con Occidente, el mandatario parece entender que la relación con China es indispensable para sostener inversiones estratégicas, exportaciones y cooperación tecnológica en un escenario internacional cada vez más polarizado.




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