3 mayo, 2026

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Mi Amigo Invencible celebra los 10 años de "La danza de los principiantes"

“Encendió algo para no apagarlo más”, versa “La danza de los principiantes”: tema que dio título al sexto álbum de Mi Amigo Invencible y cuyo estribillo se tornó con el paso del tiempo en un aforismo de lo que significó ese material en la historia de la banda. El 9 de agosto se cumplen 10 años de su publicación, y en coincidencia con la fecha este viernes 8 y el sábado 9, a las 20, el sexteto lo festejará en Deseo (Av. Chorroarín 1040), donde revisitará los 11 temas que constituyen este culmen del indie argentino. “A lo largo de estos años, la gente bancó mucho a ese disco. Por eso, y porque queremos esas canciones, nos pareció que merecía esta celebración”, afirma Mariano Di Cesare, cantante, compositor y guitarrista del grupo mendocino. “Además, no es un disco que hayamos tocado mucho”.

-Es un poco paradójico lo que decís porque es uno de los álbumes más populares de la banda.

-Son canciones tan complejas que en aquel momento no coincidían con nuestra búsqueda. No eran fáciles de tocar, pero calaron mucho entre la gente. Nos las pedían todo el tiempo. Tocamos el disco hasta 2017 y ahí la banda se tomó una pausa. Se había duplicado o triplicado la actividad, lo que nos quemó un poco. No estábamos preparados para eso y al parar necesitábamos grabar un disco nuevo. Esa búsqueda nos llevó hacia algo más simple o sintético, y eso terminó sucediendo en Arco y flecha (2024), nuestro último álbum.

-Cuando grabaron La danza de los principiantes, la formación era distinta a la de hoy, al punto de que en esa época había otro cantante aparte de vos. ¿Cómo fue la preparación de los temas para esta ocasión?

-La música se reinterpreta. Estamos tocando el repertorio entero, pero los sonidos que estamos utilizando son los de ahora, al igual que los instrumentos y las voces. He tomado con sumo amor propio algo que no sabía que era tan importante. Cuando empezamos a tocar esas canciones, me emocionó darme cuenta de lo hermoso que es ese disco y lo importante que es no olvidarse de esa manera de componer. Creíamos que la habíamos olvidado o abandonado. Y no: ahora tienen una fuerza aún mayor.

-Por la manera en que lo contás, pareciera que te reencontraste con tus raíces.

-Cuando uno se ve hacia adentro, se potencia. Más allá de todos los procesos, me genera tristeza no poder componer con Mariano Castro (se refiere al otro cantante que tuvo la banda). Ese lugar no lo volvió a ocupar nadie. Sin embargo, es música y estoy creando igual. Hoy en día estamos haciendo las mejores versiones de ese disco.

-En aquella ocasión, ¿ya estaban instalados en Buenos Aires?

-Éste fue el segundo disco que hicimos con todos los músicos instalados en Buenos Aires. Y luego de la experiencia anterior, con La nostalgia soundsystem, estábamos más firmes, afianzados, consolidados y creativos. Musicalmente, hubo un trabajo grupal distinto, en comparación con nuestros tres primeros discos, que fueron más experimentales.

-Amén de “Máquina del tiempo”, suerte de funk que se convirtió no sólo en un himno de la banda sino también de la escena, ¿cuáles otras canciones de ese álbum aún siguen haciendo en vivo?

-“Gato negro pasa”, “Entre los cuerpos” y “Edmundo, año cero”, que es nuestra canción más punkrockera. El resto son buenísimas, pero nos costó tocarlas. Los chicos siempre siguieron mi intuición, que estaba dada por la emocionalidad, y no sé si eso es tan favorable a la hora de expresarse o de tocar. Entonces no me sentía con ganas de tocar temas tan oscuros, en una época en la que necesitaba buena onda. Algo más solar, por decirlo que alguna manera. Hoy esa oscuridad no la siento desde la solemnidad sino desde un lugar muy propio y privado.

-A partir de esas canciones, cobró fuerza tu cualidad visual para relatar historias, casi de manera cinematográfica, lo que más tarde se transformó en un sello de la banda.

-Fue un ejercicio de componer con otro tipo de herramientas que no había utilizado. Estudié cine y terminé la carrera con un montón de información nueva, y ahí me puse a componer ese disco. También el escenario y las escenas fueron construidas sobre la base de ese proceso. ¿Cómo trasladar esa situación cinematográfica a una canción? Ahí estuvo la jugada. Era una cuestión de gusto e interés por algo un poquito más dilatado. Mientras todo se volvía más rápido, yo me resistía a eso, que es lo que estoy retomando en este momento.

-¿Cuánto te quedó de esa manera de componer?

-Nunca me fui de ahí. Sí rompimos cosas todo el tiempo, experimentando. Dutsiland no es sintético ni complejo, es otra cosa. Buscamos entregarnos a otro tipo de temporalidad para componer. En este momento, lo que va sucediendo es que se están juntando las cosas y en esa mezcla de experiencias van a salir las cosas nuevas. Algo que aprendí con La danza de los principiantes es que es un disco que no se puede repetir.

Antes de estrenarse en los escenarios neoyorquinos en julio pasado, Di Césare también conmemoró, pero en el Centro Cultural Richards, el décimo aniversario de otro álbum suyo: Doméstico, trajinado bajo el álter ego de El Príncipe Idiota. Y maduró tan bien que su estética, tenor y desarrollo están a la altura de Excursiones (1999), último disco de la banda Suárez y una de las obras maestras del indie patrio. “Cuando se satura una parte, la otra viene a abrir la canilla. Con ese disco me di cuenta de que me iba a dedicar a la música. Doméstico vino a decirme eso”, suelta el músico en la terraza de su hogar en el barrio de Chacarita. “Yo había trabajado mucho en encontrarle el sentido a La danza de los principiantes y con toda esa fuerza liberada, y esa pluma suelta y descontrolada, ese disco lo bajé instantáneamente”.

El álbum debut de este proyecto solista sucedió como toda oda a la brillantez: desde la casualidad. “Estaba filmando a un amigo en su estudio y me invitó a grabar. Recién había terminado La danza de los principiantes y no podía pedirles a los chicos, luego de tanto esfuerzo, que grabáramos otro disco”, evoca este precursor del indie mendocino, al igual que de su idiosincrasia sonora. “Pensé que era el momento de grabar esas ideas que no podía traducir en un grupo. La presión de tener tan poco tiempo para hacerlo me hizo construir un relato rapidísimo y me mandé a la pileta de nuevo. A estos dos discos, de la misma forma que a todos los que hice, les agradezco siempre por haber existido. Y siempre trato de cuidarlos. No me volvió a suceder que renegara de lo que hice. Lo miro con ternura”.

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