Cada vez más vértigo y entonces hay que darle un empujoncito a la memoria colectiva para que arranque. Por ejemplo, recordarle que no hace mucho, en la Argentina, hubo una jubilada llamada Norma Pla. Una luchadora que no solo fue líder de un movimiento que copó las calles durante la década perdida sino que además, entre otros hitos de la historia reciente, hizo llorar a Domingo Cavallo, el tipo que estaba destrozando los bolsillos y el alma de argentinos y argentinas. Tiene sentido pues que exista un documental cuyo propósito sea reactivar esa memoria, sobre todo en este presente de represión sistemática a jubilados y jubiladas. Se llama tal Norma también. Lo dirigieron y guionaron Natalia Vinelli y Alejandra Guzzo. Se exhibirá por primera vez el sábado 23 a las 19 y el domingo 24 a las 19.30 en el Gaumont (Rivadavia 1636), como parte de la 16va. Muestra de Cine Documental DOCA. Se volverá a ver los días 27, 28, 29 y 30 de agosto en la Sala Padre Mugica del palacio El Victorial. Goza de material audiovisual inédito. Y –fundamental- dialoga e interpela al presente inmediato.
“Podemos decir que el documental sobre Norma encontró su momento desde que Milei ganó el gobierno. Se volvió urgente, porque esa mirada del pasado nos permite interrogar al presente, nos ofrece herramientas, nos muestra que hay una experiencia acumulada que emerge como bandera en las protestas actuales de los jubilados y las jubiladas, y de todos los sectores vulnerables que resisten el ajuste y la motosierra” afirma Vinelli, fundadora y exdirectora de Barricada TV y hacedora de los libros ANCLA. Una experiencia de comunicación clandestina orientada por Rodolfo Walsh y La televisión desde abajo, entre otros.
“La película aborda a ella desde muchas aristas, pero una de las más significativas es su claridad política expuesta a nivel discursivo para manejarse en los medios de comunicación de la época, considerando además que, por ser mujer, pobre y vieja, era muy maltratada por los periodistas”, agrega Guzzo, realizadora y docente uruguaya en cuyo currículum se encuentran la dirección de Los desobedientes de la Zulma y Un pueblo de nuestro mapa.
La narrativa del documental cuenta con un hilo investigador encarnado en Solve (Sol Verónica Gui), militante feminista y estudiante de ciencias sociales. La idea de las directoras fue justamente incluir un personaje que haga dialogar a la generación de Pla con la actual. “Que nos permita acercarnos a Norma y a las luchas de los ’90 con otra frescura”, dicen la directoras. “Cuando comenzamos el rodaje, Solve apenas tenía una referencia de Norma y a medida que fuimos avanzando la figura se fue construyendo, fue emergiendo también en las luchas actuales. A esto se suma otra arista que es todo lo que se resistió en la década del ’90. Hay una generación que parte de 2001 como punto cero. Y lo que Solve nos permitió fue conectar el camino previo que permitió construir ese momento histórico, que es muy significativo en este presente”, extiende Vinelli.
-¿Con qué se fueron encontrando durante la investigación que no sabían acerca de Norma Pla?
Alejandra Guzzo: -Lo más sorprendente fue descubrir, luego de una entrevista que oímos por radio a su hijo Germán, que existían archivos en video filmados por servicios de inteligencia. Entonces fuimos a buscar imágenes de la época al Archivo Provincial de la Memoria en La Plata y ahí dimos con ellos, que están integrados a la película con el fin de dar cuenta que Norma era seguida todo el tiempo, en toda su etapa militante.
Natalia Vinelli: -Le pusimos Norma también justamente porque el foco puesto en su claridad política, su uso del espacio público y su forma de intervenir los medios, algo que “también” nos habilita la posibilidad de pensarla en el marco del feminismo popular. No porque nosotras definamos a Norma como feminista sino porque su práctica es un ejemplo para los feminismos. La pregunta inicial que nos hicimos fue si podíamos considerar a Norma también como una feminista, de hecho.
-¿Cómo recuerdan ustedes, personalmente, a Norma Pla y a esos años?
A.G.: -Yo llegué a la Argentina en 1993 y la realidad política del momento me sobrepasó. Fueron difíciles esos años sin vínculos personales y políticos, y la figura de Norma y la marcha de jubilados de los días miércoles fue una de las imágenes más intensas que recuerdo, porque en Montevideo no existía nada ni por asomo similar en lo político.
N.V.: -Conocí a Norma en 1995, durante una marcha contra la Ley de Educación Superior, y quedé impactada. Creo que eso les pasaba a todas las personas que llegaban a conocerla. Para mi generación fue una referente. En esta primera mitad de la década de los ’90, el movimiento estudiantil en defensa de la educación pública y las luchas de los jubilados coincidieron, algo que hoy también sucede.
-Hay dos momentos que el documental saca del olvido y son para alquilar balcones. Uno es la choriceada que armó Pla frente a la casa de Cavallo. Y el otro, la aparición de Saúl Ubaldini arengando contra Menem como figura de un peronismo que no se alineaba con el neoliberalismo imperante.
N.V.: -Es que la marcha 100 en la que apareció Ubaldini fue muy significativa en la militancia y la acción de Norma, y también para el sindicalismo que se opuso a Menem, sobre todo a partir de 1994. Lo de la choriceada, en tanto, es una de las secuencias que más trabajamos y que a mí más me gustó hacer, porque rodamos en el mismo lugar frente al edificio donde vivía Cavallo.
-Muchas personas, incluso militantes, no se la tomaban muy en serio a Norma. ¿Por qué creen que pasaba?
A.G.: -Porque el pensamiento hegemónico de la época y también el actual rechaza la virulencia performática como forma de hacer política que Norma encabezó. En el conservadurismo militante y pacato no había lugar para tanta incorrección, digo. Sin embargo, su imagen perdura en el corazón de mucha gente, sobre todo en este presente.

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