A tres años de su único paso por los escenarios porteños, Seafret vuelve este miércoles 27 a Buenos Aires, en esta ocasión a Teatro Vorterix (Av. Federico Lacroze 3455), donde a partir de las 20 amenizará algo más que un recital. “¡Será una fiesta!”, avisa Harry Draper, guitarrista del dúo inglés de indie folk, con una alegría que roza la excitación. Previo a su reencuentro con sus fans argentinos, el músico disfruta aún del verano de su país. Y eso se nota apenas se une al zoom, en el que se lo ve en remera y secándose el sudor, desde la ciudad de Leeds. “Estamos emocionados con esta vuelta. Si bien la vez anterior estuvimos pocas horas allá, el show estuvo increíble”, evoca. “Cantaron cada canción, cada letra, como si fuera la última vez que lo hicieran. Nunca vimos algo así”.
El viernes posterior a su actuación en la Argentina, el tándem publicará su flamante corte promocional, “Love in Rerverse”, que tanteará primero ante el público local durante este regreso. Aunque no será el único. De entre los singles que pusieron a circular en 2025, destaca “Wait”, caballito de batalla de esta nueva etapa de la banda. De hecho, el tema trata justamente sobre la circunstancia que trae al grupo, que completa el cantante Jack Sedman, a esta megalópolis sudamericana: la dualidad de ser un artista en los tours. “La realidad de ser músico es una moneda de dos caras”, afirma Draper. “Por un lado, vivís experiencias increíbles y conocés lugares que jamás hubieras soñado visitar. Pero, por el otro, el estar de gira te aleja de todos y de todo lo que amás”.
-¿De dónde sacan la inspiración al momento de componer sus letras?
-Hurgamos, por ejemplo, en el pasado reciente. Hay muchas cosas, mucha reflexión en nuestras canciones. Tuvimos tiempo para reflexionar sobre lo que hicimos y el lugar en el que estamos. Eso nos inspiró, de la misma forma que nuestras familias. Ambos somos padres y estamos en una buena situación, lo que impacta positivamente en la creatividad.
-¿El caos social, político, económico y hasta tecnológico que tiene al mundo contras las cuerdas logró tener peso entre sus nuevas canciones?
-Todo eso nos afecta como individuos, por supuesto, pero intentamos no recordar ese tipo de cosas ni escribir sobre ellas. Queremos una música que todos puedan escuchar, con la esperanza de encontrar un escape, así que intentamos no mencionarlo. Sólo queremos amor y paz.
-En el tema que dio título a su segundo álbum, Most of Us Are Strangers, invitaron al grupo mexicano de pop Matisse para que cantara su colaboración en español. ¿Volverán a repetir esa experiencia en su inminente disco?
-Los integrantes de Matisse son personas encantadoras. Fue un honor tenerlos cantando en esa canción, tienen voces hermosas y son personas maravillosas. Así que sí, nos encantaría hacer alguna otra canción en español con otro artista latinoamericano. Ya veremos lo que nos depara el futuro.
-A propósito de su nuevo disco, las canciones que adelantaron a lo largo de este año suenan muy festivas. ¿Es una sensación o realmente serán así?
-Sí, serán más alegres. Creemos que es el mejor álbum que hicimos hasta ahora. Estamos emocionados con el resultado, nos encanta. Ya terminamos todo el proceso, pero no tengo mucha idea de cuándo saldrá el disco. Lo que sí puedo afirmar es que tocaremos muchas de esas canciones en el recital que daremos en Buenos Aires.
-Pese a los cambios drásticos que vive la música, ustedes siguen cultivando la manera de tradicional de comprender la canción. ¿Qué sigue atrayendoles del formato?
-Creo que es importante sostener ese formato, especialmente por los espacios que ganó la inteligencia artificial en la música y cosas así. Es muy valioso que los verdaderos artistas sigan escribiendo sus propias canciones y eso es un gran diferencial. Aparte de que es real y honesto, los fans terminan apreciando esa nobleza.
Seafret ya tiene diez años en actividad. A estas alturas, Draper asegura que Sedman y él son más amigos que nunca. “Jamás discutimos, siempre estamos en el mismo mundo”, resalta. “Nos llevamos tan bien que nunca tuvimos un problema. Trabajamos con la misma intensidad que cuando empezamos. Diría que es una suerte, pero nos esforzamos y somos honestos el uno con el otro. Apostamos por otros diez años más”. No obstante, pese a todo este tiempo arreando juntos un mismo proyecto, no sea plantearon el éxito como objetivo. “Lo único que nos importó era hacer grandes canciones”, confiesa. “Aún nos importa. Y sentimos que es nuestro mandato compartirlas. Estamos agradecidos de que la gente conecte con ellas”.
-Cuando arrancaron, esto era una especie de fantasía, pero en este momento es un trabajo. ¿Llevar adelante un grupo de manera profesional se parece a lo que pensabas que era?
-Nos sentimos muy afortunados de poder hacerlo como carrera, pero trabajamos duro para que suceda. Viajamos mucho, componemos otro montón. Lo tratamos como un trabajo, aunque no lo parezca. También reconozco que tuvimos mucha suerte. Queremos venir más veces a la Argentina, queremos llegar a Asia. Sólo queremos poder… Y trabajamos duro para que suceda.
Ubicada a 370 kilómetros de la capital inglesa, Bridlington es la urbe de la que proviene el binomio. Ni su condición balnearia ni su clima ideal pudieron convencer a sus integrantes de intentar desarrollar el proyecto desde ahí, por lo que se mudaron a Londres para probar suerte. Es algo similar a lo que les pasa en la Argentina a los artistas mendocinos, rosarinos o cordobeses. “Es mucho más fácil si estás en la gran ciudad. Sigue siendo el lugar al que vas para lograrlo”, confirma el guitarrista. “Hoy en día, con las redes sociales y Spotify, probablemente no necesités pedirme que grabe mi primer disco allá. Pero cuando empezamos, decidimos dejar nuestros hogares porque ahí estaban todas las discográficas y los equipos de gestión. Aunque la realidad es que cada vez hay menos gente en Londres”.
-Sobre la base de esto que contás, ¿es cierto que son muy pocos los músicos de la nueva escena inglesa que pueden vivir actualmente de la música?
-En mi caso, estoy al cien por cien con la música. Si no estoy escribiendo, tengo mi propio estudio y produzco. Hacemos algunas cosas externas, pero mi energía la pongo toda en la música. Cuando no soy el hombre de familia, soy un hombre de música.

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