Desde Florianópolis, Brasil
Honrando una tradición que ya casi alcanza las tres décadas, la programación del festival Florianópolis Audiovisual Mercosur (FAM), que este miércoles concluyó su 29° edición, exhibió un interés político notorio, muy atenta a las preocupaciones de la agenda progresista. Los movimientos latinoamericanistas y la visibilización de sus intereses; los ejes de memoria, verdad y justicia; el fortalecimiento y el respeto de las distintas identidades colectivas e individuales; las luchas por los derechos de mujeres, disidencias sexuales, pueblos originarios y minorías sociales, políticas o culturales, entre otros temas, aparecieron de forma reiterada dentro de las distintas secciones. En especial en la Competencia de Largometrajes, categoría principal del encuentro.
Dentro de esa selección competitiva, los documentales ocuparon un lugar central, representando cuatro de los seis títulos elegidos. Uno de ellos se llevó el premio del jurado. Se trata de Soñé tu nombre, de la colombiana Ángela Carabalí, un relato en primera persona en el que la directora y su hermana Juliana parten en un viaje a la región del Cauca, la más pelígrosa de su país, en busca de los restos de su padre, víctima de desaparición forzada en la década de 1990. La película es un diario de ese viaje, en el que los sueños, las tradiciones y la denuncia social se cruzan para darle forma a un relato no siempre prolijo, pero cargado de una gran potencia emotiva. Aunque por momentos la película alcance a rozar de forma inconsciente la autoexplotación, lo mejor de ella tiene que ver con el intento firme de conectar al público con la dolorosa emoción de ese duelo contínuo que Carabalí busca cerrar. Soñe tu nombre también realiza un esfuerzo por darle forma a una poética de la imagen y por momentos lo consigue.
Por su parte, en el documental Kuarahy Ára – El tiempo del sol, el director paraguayo Hugo Gamarra Etcheverry, se llevó el premio del público. La película utiliza al cine como una herramienta para hablar de la identidad de su país y para ello toma como punto de partida mítico una copia rescatada del cortometraje Cuárahy Ohecha, filmado en 1967 por el entonces joven cineasta francés Dominique Dubosc. Ahí retrata la vida de una humilde familia campesina, cuyas imágenes fascinaron a Gamarra desde que las vio por primera vez durante su adolescencia. A partir del hallazgo, el director comienza una búsqueda doble: la del cineasta que capturó esas imágenes y la de aquella familia cuya vida, precaria pero feliz, quedó detenida en la pantalla. Kuarahy Ára es un canto de amor al cine que, a pesar de sus limitaciones, alcanza su objetivo de hacer que el arte de proyectar luz se convierta casi en un medium capaz de revivir los fantasmas del pasado y la memoria.
La competencia incluyó además dos ficciones basadas en hechos reales. Una de ellas es la biopic Alí Primera, dirigida por Daniel Yegres Richard, que recorre la vida del cantante popular venezolano, ícono de la Nueva Canción Latinoamericana. La otra es Escritor, nuevo trabajo de la directora argentina Paula De Luque, donde se recrean los fusilamientos de José León Suárez en 1956 y la posterior investigación de los hechos, realizada por el escritor y periodista Rodolfo Walsh, que dio pie al libro Operación Masacre. Ambas películas funcionan como retratos de la fragilidad democrática latinoamericana durante el siglo XX.
De ellas, la segunda es la que resulta más sólida en términos de verosímil, articulando una historia que se nutre de elementos propios de géneros cinematográficos como el film noir, o literarios como el hard boiled, echando mano a sus recursos clásicos, desde la representación de submundos violentos o el uso del blanco y negro, hasta arquetipos como el investigador duro o la mujer fatal. Figuras estas últimas a las que De Luque morigera a partir del elemento político, pero que desde lo narrativo cumplen la misma función. El relato va tomando forma a medida que el investigador descubre nuevos detalles y para ponerlo en escena la película recurre a un ciclo de repeticiones y reinicios que acaba sobrecargando la narrativa. Escritor cuenta con una buena labor de Diego Cremonesi en la interpretación de Walsh.
Por su parte, la producción venezolana cumple con creces su objetivo de darle visibilidad a una figura de la canción popular que no tuvo fuera de su país la trascendencia de otros artistas de su generación, como el chileno Víctor Jara o los cubanos Silvio Rodríguez y Pablo Milanés. Sin embargo, su puesta en escena, cinematográficamente ingenua, nunca consigue articular un relato fluido, dividiendo la biografía de Primera en viñetas sueltas para alimentar distintas líneas temporales, que se reparten el tiempo en pantalla de forma no siempre ordenada.
Los otros dos documentales que completaron la competencia principal fueron Aprender a soñar, del director bahiano Víctor Rocha, y el colombiano Un nuevo amanecer, de Priscila Padilla. En ambos casos se trata de relatos corales en los que se entrelazan distintas historias. El primero sigue a tres jóvenes estudiantes procedentes de sectores socialmente vulnerables, involucrados en distintas búsquedas y luchas que se mueven entre lo personal y lo colectivo. El segundo indaga en la complicada vida de un grupo de exguerrilleras de las FARC y en las dificultades que deben enfrentar en el intento de reinsertarse en una sociedad que las expulsa y las mata.
Por último, la producción audiovisual argentina recibió varios reconocimientos en distintas secciones del 29° FAM. El cortometraje La falta, una coproducción con Uruguay dirigida por Carmela Sandberg y que este año pasó por el Bafici, se llevó el máximo trofeo de la Competencia de Cortometrajes, la segunda en importancia dentro de la programación. Mientras que el videoclip de la canción “Filosa”, primer corte del álbum Cuestión de actitud, debut de la artista urbana Serena Ciga, dirigido por el cineasta Ezequiel Soma, se alzó con el premio del Jurado Popular de su categoría. Gracias a su combinación de pop y hip-hop, un concepto visual inspirado en la estética pin up y una letra potente, el video consigue ser un vehículo efectivo para una elocuente arenga femenina no exenta de humor. Serena Ciga, única argentina premiada presente en la ceremonia de clausura, recordó que en el país «el arte está pasando por un momento crítico» y le dedicó su triunfo a «todas las mujeres que buscan hacer un camino en el arte».
Finalmente, el corto animado Mitã’i Churi, de Elián Guerin, realizado en coproducción con Paraguay, obtuvo una mención honrosa otorgada por la RECAM (Reunión Especializada de autoridades Cinematográficas y Audiovisuales del Mercosur). Ahora, el Florianópolis Audiovisual Mercosur tiene todo un año para preparar su histórica 30° edición.

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