30 abril, 2026

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El Coro del Tabernáculo, por primera vez en Argentina

Decir Coro del Tabernáculo es decir majestuosidad, tal vez la palabra más adecuada para describir la combinación de calidad artística con cantidad de miembros: son 360 cantantes y 70 instrumentistas de la orquesta asociada. Pero también es el término justo para caracterizar su icónico repertorio de himnos y canciones de alabanza: es el coro de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Último Días, uno de los más famosos del mundo, que cuenta con cuatro premios Emmy y un Grammy, entre otros reconocimientos a su centenaria trayectoria. Toda su historia, conjugada con un repertorio popular, se presenta ahora por primera vez en la Argentina: el martes pasado en una gala en el CCK con la participación de Raúl Lavié y este viernes 22 y sábado 23 en el Movistar Arena, en dos conciertos que incluirán a Soledad Pastorutti entre otros invitados locales.

El coro está conformado por voluntarios que deben superar un examen riguroso de selección y asistir puntualmente a los ensayos. Fue fundado en 1847 y en su recorrido se presentó en numerosos escenarios del mundo y participó en la asunción de siete presidentes de los Estados Unidos. También grabó con orquestas como la de Filadelfia con la dirección del mítico Eugene Ormandy, o la de Nueva York dirigida por otro legendario, Leonard Bernstein.

Al margen de esa aura solemne, la inclusión del «Negro» Lavié y La Sole, además de la cantante Maggie Cullen y el grupo Dos más uno, responde a la tradición del coro de incluir en sus conciertos en otros países a música y artistas locales. Lavié, que justo este viernes cumple 88 años, se mostró feliz por haber sido convocado: «Pensé que a mi edad ya estaba todo hecho -dijo este jueves en la presentación del evento-, cuando recibí esta invitación que me honra». Y contó como infidencia que para este concierto se puso a estudiar de nuevo: «Volví a la foniatra y a hacer ejercicios», confesó y enseguida se mostró conforme «con lo logrado» en la presentación del martes.  Ese día demostró su estado impecable con «Golondrinas» (Gardel y LePera) y una estupenda «Balada para un loco» interpretada junto a sus músicos, además de «Sueño imposible» del musical El hombre de la Mancha.

Es que el coro, en esta gira mundial llamada Canciones de esperanza, busca retroalimentar su repertorio clásico de música sacra con expresiones populares. La elección de Buenos Aires no fue casual: la Iglesia a la que pertenece celebra este año el centenario de su llegada a Argentina y Sudamérica. Quentin Cooke, uno de sus doce apóstoles, también presente en la conferencia de prensa, destacó justamente que el propósito de esta visita «es llevar un mensaje de esperanza en este mundo convulsionado».

El repertorio propuesto para esta celebración fue en esa línea: conjugó lo religioso -esencia ineludible del coro- con música popular de distintas regiones del mundo, con un particular énfasis en Buenos Aires y su tango.

En la apertura del concierto en el Centro Cultural Kirchner, dos himnos de alabanza dieron muestra de esa imponencia que caracterizan al grupo coral y su orquesta, sobre todo en la incial «Aleluya – Alma, bendice al Señor», que incluyó un particular efecto de campanitas en manos de los cantantes. Los himnos y sus pompas de voces y orquesta a toda potencia son el sello más difundido del coro.

El tramo siguiente estuvo dedicado a tres aleluyas: uno barroco que se le atribuye a Gulio Caccini, otro del argentino Alberto Ginastera y el tercero, el de Händel, del oratorio El Mesías, sin duda una de las piezas más sublimes de la música sacra. La ubicación estratégica de los cantantes en tres niveles de altura y también a los costados del escenario le imprimieron a esa interpretación un sonido envolvente que agudizó la potencia natural de la partitura. Y el público respondió acorde: escuchó de pie toda la obra.

Entre las melodías del mundo hubo lugar para una particular versión de Adiós Nonino, de Astor Piazzolla, con el coro engarzado como un instrumento más. Los arreglos fueron del argentino Julián Mansilla (oriundo de Bahía Blanca), que interpretó el bandoneón junto al rosarino Leandro Curaba en violín. La elección no fue casual: ambos son miembros de esa Iglesia.

El segmento de canciones tradicionales de Estados Unidos incluyó un negro spiritual («My God is So High»), el tema popular «Cindy» y el famoso «What a wonderful world», inmortalizado por Louis Armstrong e interpretado en ese caso por un coro que demostró que así como puede imponer potencia a los himnos también le cabe la dulzura propia de las delicias de cada día. El final, no podía ser de otra manera, volvió a los himnos, en este caso de esperanza.

La presentación en el Movistar Arena tendrá algunas variantes, entre ellas, la participación de Soledad. Habrá canciones de su autoría y luego una interpretación conjunta de «Todo cambia». «Voy a confesar que para mí es un desafío. Yo soy solista, estoy acostumbrada a cantar sola, encima me llamo Soledad y ahora tengo que ponerme de acuerdo con más de 300 cantantes», bromeó en la presentación. «Pero sé que me voy a sentir acompañada. La música siempre unifica y este concierto tiene ese sentido». 

¿Y cómo se organiza un coro y una orquesta de unos 400 miembros para acompañar a un cantante con canciones que no son propias del repertorio? Mack Wilberg, el director, contó que la gira se viene preparando desde hace dos años, pero explicó que la maquinaria está aceitada para que en un mes de ensayo estuvieran a punto las canciones nuevas. «En general, lo más difícil de cantar en otro idioma es la pronunciación, pero en este caso, muchos de los miembros del coro sirvieron como misioneros en Sudamérica, así que hablan castellano«, relató. Y confesó que en realidad el desafío mayor es generar la logística para el traslado, alojamiento y comida de casi 500 personas, entre cantantes, músicos y técnicos. Es que en el Coro de Tabernáculo todo es exuberante.

* El concierto del sábado 23 (a las 19) será transmitido en directo por el canal de youtube de la gira.

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