“Los campos de corales que encontramos son impresionantes”, contó a Página/12 el biólogo e investigador de Conicet Martin Brogger, integrante del grupo de científicos que el 23 de julio inició una exploración del fondo marino en el marco de la campaña Talud Continental IV cuya transmisión en vivo de una cámara robot se viralizó en internet.
Brogger –doctor en Ciencias Biológicas especializado en equinodermos– y sus colegas, navegan en un barco del Schmidt Ocean Institute a unos 300 kilómetros de la ciudad de Mar del Plata, sobre el área denominada Cañón Submarino de Mar del Plata. La embarcación cuenta con equipos para filmar el lecho marino, a una profundidad de casi cuatro mil metros. Esas filmaciones se transmiten en vivo y en los últimos días las visualizaciones se dispararon. “Con las capacidades que tenemos los científicos argentinos, si hay financiamiento y oportunidades, se pueden hacer grandes cosas. Está buenísimo que la gente se dé cuenta. Y no por nosotros, sino por el Conicet y la ciencia argentina: que se vea el potencial de la investigación en el país”, afirmó el investigador.
–¿Cómo empezó la campaña Talud Continental?
–Hace 12 años empezamos con las campañas de aguas profundas con los barcos de Conicet. Juntamos a un grupo de investigadores de todo el país, especialistas en diferentes grupos de animales y formamos el Grupo de Estudios de Mar Profundo de Argentina (GEMPA). Después de tres campañas –Talud Continental I, II y III,– pudimos armar un rompecabezas de cómo era el fondo marino en las diferentes profundidades. Eso nos tomó unos diez años. Teníamos una cantidad de material recogido durante esas campañas que fue estudiado y usado para tesis de licenciatura y de doctorados. Después nos quedamos sin barco porque sale mucha planta. Hace un par de años hicimos una propuesta desde el GEMPA a la Schmidt Ocean Institute, una organización sin fines de lucro de EE.UU. que pone a disposición este barco gigante en el que estamos, con mucha tecnología para hacer investigaciones.
–¿Cuáles son las expectativas de la campaña y cómo viene hasta ahora?
–Esperábamos que haya una alta diversidad por la corriente de Malvinas que sube en esta zona. Ahora estamos en el cañón submarino de Mar del Plata. Esta masa de agua fría de Malvinas está llena de nutrientes, por eso esperábamos una alta cantidad de organismos, y efectivamente encontramos un campo de corales enorme y un montón de animales raros, que nunca habíamos visto.
–¿Qué es lo que más los sorprendió hasta el momento?
–Los campos de corales son impresionantes. Y los animales que viven en torno, que son animales muy antiguos. El cañón submarino de Mar del Plata es un punto caliente de biodiversidad y nos sorprendió la cantidad y variedad de especies, y el hecho de poder verlas e interactuar en su medio. Como negativo, la contaminación. Uno de los objetivos de la campaña es evaluar el impacto antrópico sobre estos ambientes de aguas profundas, que no deberían tener impacto porque son justamente aguas profundas. Esperábamos encontrar basura, y encontramos bolsas de barcos pesqueros enredadas en los corales, un paquete tipo de papas fritas, cabos de pesca viejos y una red de pesca. No es masiva la cantidad de basura, pero es evidencia de que la basura está llegando a 2500 metros de profundidad, como vimos el martes cuando lo primero que visualizamos fue una bota. Es una locura. Hay poca basura, pero hay, llega hasta ahí.
–¿Cómo es la cámara que usan?
–Es una cámara del tamaño de un auto y que nos permite tomar muestras. En las campañas anteriores teníamos que tirar una red y recoger, un mecanismo que es más destructivo y menos efectivo. Ahora podemos elegir bien qué animales sacar, sin destruir el fondo. Y generamos contenido al filmar los bichos en vivo. Es una locura: veo ejemplares que no había visto vivos en mi vida. Antes, con las redes, los ejemplares más duros llegaban arriba, pero los blandos se rompían. Ahora estamos viendo un montón de organismos mucho más frágiles, que estaban ahí pero no los podíamos ver. Especies nuevas que nunca habíamos visto.
–¿Cómo es el proceso para estudiarlo?
–Primero hacemos una transecta, que es recorrido por una distancia fija de unos metros, en la que vamos midiendo la cantidad de cosas que encontramos, lo vamos grabando. Después nos llevamos los videos junto a las muestras para el Museo Argentino de Ciencias Naturales y ahí los estudiamos. Nos llevamos un disco rígido con todos los videos y toda la información, temperatura, parámetros del agua.
–¿Cómo es la interacción con las personas que siguen la transmisión en vivo?
–La gente se enganchó mucho y es muy lindo. Nos dicen: «estoy acostumbrado a ver documentales de afuera, pero acá estamos viendo el Mar Argentino en vivo». Vernos trabajar humaniza el trabajo científico, lo simplifica y lo explica más sencillo. La gente puede ver qué hacemos los biólogos de Conicet. El 99% de esta campaña está financiada por el Schmidt Ocean Institute, pero el Estado argentino también pone una parte importante, que es nuestro sueldo. Fuimos formados en la universidad pública, no es que vino la organización y preguntarón “¿quién quiere subirse al barco para una expedición?”. Eligió a las personas que saben hacer esto. La formación nuestra –en los últimos 25 años, en mi caso– la pagó el Estado: la universidad pública, después Conicet, y eso tiene un valor muy grande. Si esta organización no nos prestaba el barco, yo estaría trabajando en mi casa con la lupa y frasquitos nada más. Entonces después queda como que los biólogos no hacen nada. Esto es una muestra de todo lo que podemos hacer si recibimos financiamiento y oportunidades.
–En la transmisión se ve cómo se enganchan las personas con el modo en que hablan mientras buscan ejemplares, los nombres que les dan a los bichos.
–Sí, la gente se engancha viendo de primera mano qué es lo que hacemos. La política es que todo lo que se investiga sea de datos abiertos, que todo el mundo sepa y pueda verlo. Cuando salimos en vivo estamos haciendo ciencia, es lo que hacemos todos los días sin que nadie nos esté mirando o grabando. En el medio estamos ahí charlando, inventando nombres a especies que no conocemos, es lo más natural del mundo. Vemos cosas y reaccionamos ante lo que vemos, al igual que los que están en sus casas, frente a la pantalla.
–Como fue el caso de “Patricio”, la estrella de Bob Esponja.
–Apareció el segundo día, con el culo y toda la bola, y eso se volvió viral. La gente se enganchó con eso, haciendo memes, es muy gracioso. Todo el tiempo estamos poniendo nombres a los bichos que no sabemos que son. Encontramos un erizo con forma y color de limón, al que le digo «erizo limón». Es un grupo nuevo y como soy especialista en ese grupo, sé que no hay ningún registro de esa especie acá. Tengo que estudiarlo porque es nuevo, pero por ahora es el erizo limón. Fue una sorpresa, una figurita rara que ya tengo, con eso solo me voy del barco contento.
–¿La política de divulgación incluye otras cuestiones además de la transmisión en vivo?
–Si, hay dos programas más. Uno se llama «Artista del mar»: eligen un artista local para que venga a inspirarse en el mar y en todo lo que vemos, para hacer obras. Ahora está en el barco un artista que se llama Pablo Penchaszadeh, un biólogo marino de 81 años que es artista y fue profesor de muchas de las personas que vinimos como investigadores. El otro programa se llama «Ship to shore», conexión de barco a tierra. En el marco de ese programa organicé visitas guiadas virtuales. Hacemos un recorrido por todo el barco, mostramos el “rov” (Remote Operated Vehicle) –el robot que filma y extraer muestras–, la sala de comando y explicamos qué estamos haciendo acá. Para esta expedición financiamos a seis escuelas de Misiones, Río Negro, Chubut, Capital Federal y Provincia de Buenos Aires. Compramos todos los equipos que necesiten, que después le queda al colegio. A la escuela del Barrio 31 le dimos pantalla, televisor, proyector, sonido, todo lo que usaron para la conexión.
–¿Cómo es la reacción de los chicos y chicas?
–Se enganchan mucho, hacen preguntas geniales. La condición para conectarse es que hayan visto videos de lo que hacemos. Preguntan muchas cosas sobre el barco, qué comemos, y sobre los bichos, de la ciencia en general. Sin querer vamos metiendo esa semillita de duda y de curiosidad, y ellos ven que se pueden hacer este tipo de cosas en Argentina. Se genera esa inquietud de la ciencia y la investigación.
–En los próximos días van a explorar zonas más profundas, ¿qué esperan ver?
–La idea es ir progresivamente más profundo. Hoy fuimos a 2800 metros y mañana vamos a 3200, para después llegar hasta 3700. A mayor profundidad es más dura la vida: hay más presión, menos alimento y un montón de cosas negativas que hacen que evolucionen organismos más raros y especializados hacia esos ambientes. Se va a ver una diferencia en relación a qué tipo de organismos encontramos, a medida que aumenta la profundidad. Espero encontrar unos erizos panqueques, que son como un globito que cuando los sacás afuera se achatan, colapsa el cuerpo por la falta de presión. En el caso de los peces, esperamos encontrar especímenes adaptados a esas condiciones. Vamos a ver menos diversidad, pero hay que ver qué pasa en unos días.

Más noticias
Con la presencia del Gobernador Pullaro se inauguró la Puesta en Valor del Parque Municipal de San Guillermo
Centros Comerciales de la región NorOeste de FECECO reclamaron por el estado crítico de la ruta 34 entre Rafaela y Ceres
Las 32 localidades del Dpto. San Cristóbal tienen asignado del Fondo de Obras Menores 2026 un total de $3.847.650.545,46