La hora de la desaparición – 8 puntos
(Weapons; Estados Unidos, 2025)
Dirección y guion: Zach Cregger.
Duración: 128 minutos.
Intérpretes: Julia Garner, Josh Brolin, Alden Ehrenreich, Amy Madigan, Benedict Wong.
Estreno en salas de cine.
Con Bárbaro, su ópera prima en solitario, el actor y realizador Zach Cregger demostró con creces que sabía mover los resortes del cine fantástico y de terror, logrando de paso un pequeño gran éxito comercial. La hora de la desaparición es ostensiblemente más ambiciosa en términos narrativos, aunque su punto de partida pueda sonar básico: una fatídica noche, en una pequeña ciudad del interior de los Estados Unidos, todos los chicos de una clase de primaria desaparecen misteriosamente sin dejar rastros, con una única y notable excepción. Las imágenes de las cámaras de seguridad no permiten mentir: a las 2.17 de la mañana, como si fueran dirigidos por control remoto, más de una docena de niños y niñas salen de sus hogares y, con los brazos extendidos en posición horizontal, simulando un vuelo, salen corriendo para nunca más volver.
El guion, escrito por el propio Cregger, utiliza un viejo y probado truco narrativo: el cambio del punto de vista y el regreso total o parcial a una misma situación desde el ancla de otra mirada. La primera en aportar espacio a la trama es Justine (Julia Garner), la maestra del curso maldito, que a falta de un sospechoso real de los hechos termina cayendo en el casillero del chivo expiatorio. La pobre docente se esconde en casa con un par de botellas de alta graduación a mano, mientras permanece bajo la mirada reprobatoria de la mayoría de los padres y un cartel de “bruja” es pintado rabiosamente en el costado de su auto. Allí comienzan las pesadillas, aunque el encuentro con un ex, uno de los policías del pueblo, permite un poco de contacto humano y, tal vez, compasión. Luego le llegará el turno al padre de uno de los chicos desaparecidos, encarnado por Josh Brolin, al director de la escuela, al niño que fue exceptuado de la maldición, al policía involucrado fugazmente con Justine e incluso a un adicto a las drogas duras que anda merodeando y robando cosas en el barrio.
La hora de la desaparición (el título original Weapons, literalmente “armas”, se explica con el correr de los minutos) ofrece dos o tres instancias de sustos generados por imágenes y sonidos súbitos, pero Cregger descree en gran medida de los trucos genéricos más gastados, construyendo en cambio un estilo y ritmo narrativos mucho menos frenéticos de lo usual en la pantalla contemporánea, permitiéndose incluso algún que otro momento poético –como cuando musicaliza la huida infantil colectiva con la bellísima “Beware the Darkness”, de George Harrison– y una imagen onírica aparentemente indescifrable pero perturbadora. Eso no evita que, de a poco, la sensación de inestabilidad y locura en el mundo realista de la ficción comience a hacerse evidente, y el horror empape cada vez más los acontecimientos y acciones.
La hora de la desaparición es una de esas películas de las cuales realmente no conviene anticipar demasiado, ya que el ovillo del relato ofrece nuevos personajes, revelaciones y varias vueltas de tuerca, todas ellas pertinentes. En ese sentido, incluso cuando el concepto de los múltiples puntos de vista parece estar a punto de agotarse y convertirse en mero gesto, su lógica cobra total sentido al hacer encajar varias piezas que hasta ese momento permanecían sueltas. Ingeniosa, climática a pesar de no abandonar el avance de la historia y perturbadora en una acepción juguetona (el humor está siempre agazapado y en más de una ocasión tira un zarpazo), el nuevo film de Cregger se guarda bajo la manga un clímax realmente catártico y sangriento, pero por sobre todas las cosas imprevisible. Habrá que esperar un poco para ver qué resultados obtiene el realizador con su próximo proyecto, una nueva versión del videojuego Resident Evil. Por el momento, y hasta que alguien o algo diga lo contrario, La hora de la desaparición es indiscutiblemente una de las películas de terror más sólidas y divertidas del año.

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